viernes, febrero 19, 2021

EL NUEVO RETO POLÍTICO DE LOS EVANGÉLICOS

En marzo de 2006 escribí un artículo titulado “El reto político de los evangélicos”. Han pasado casi 15 años y los desafíos siguen siendo los mismos. Es una lástima que algunos creyentes que participaron activamente en los asuntos públicos, salvo algunas honrosas excepciones, no supieron ponderar la gran responsabilidad y privilegio del servicio hacia los demás. Creo firmemente que participar políticamente es un privilegio para los creyentes, quienes deben asumir con hidalguía la vocación de servicio, principio fundamental del cristianismo bíblico. Pero, ¿por qué los ciudadanos evangélicos no han logrado consolidar un frente común en el proceso electoral peruano? ¿Cuáles son las razones de la dispersión del voto evangélico? ¿Qué intereses hay detrás de algunas candidaturas de pastores? Estas interrogantes merecen algunas respuestas a la luz de las Sagradas Escrituras, pero también desde la perspectiva de los antecedentes históricos recientes de la experiencia evangélica en la política peruana.

En principio, la participación de ciudadanos evangélicos en la política no es nueva. Hay precedentes que datan del siglo pasado. El primer creyente que tuvo el privilegio de ocupar una curul en el Congreso peruano fue el contador José Ferreira García, militante del Partido Aprista Peruano y miembro de la denominación IEP (Iglesia Evangélica Peruana). Fue parlamentario en varios períodos congresales. Ocupó la presidencia de la Comisión Revisora de las Cuentas del Estado y fue un distinguido legislador honrado por representantes de diversas tiendas políticas. Otro creyente que ocupó una curul fue el ingeniero químico Pedro Arana Quiroz, pastor presbiteriano y representante invitado por el Partido Aprista Peruano. Arana como miembro de la Asamblea Constituyente de 1978, presidida por Víctor Raúl Haya de la Torre, compartió su fe y experiencia con tribunos de la talla de Luis Alberto Sánchez, Ernesto Alayza Grundy, Andrés Aramburú Menchaca, Héctor Cornejo Chávez, Fernando León de Vivero, Carlos Malpica Silva Santisteban, Andrés Townsend Escurra, Javier Valle Riestra, Ramiro Prialé y Luis Bedoya Reyes, entre otros.  

LOS PIONEROS

José Ferreira y Pedro Arana gozaron del respaldo cristiano. El trabajo de ambos fue conocido en las iglesias, pero especialmente por la opinión pública. Fueron los creyentes más representativos en la vida política del país hasta los años 80. Ambos provenían de congregaciones con alto nivel de reflexión y debate social. También les ayudó mucho la experiencia estudiantil y profesional que desempeñaron con anterioridad. Ferreira fundó en su natal Cerro de Pasco, el periódico La Antorcha, medio que le permitió transmitir sus inquietudes sobre los problemas del país. Pedro Arana hizo lo propio y fue uno de los pioneros de la Comunidad Bíblica Universitaria (CBU) fundada en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, conjuntamente con Samuel Escobar Aguirre, otra de las mentes más lúcidas del pensamiento evangélico contemporáneo en América Latina. Posteriormente, la CBU fue la base para la formación de la Asociación de Grupos Evangélicos Universitarios del Perú. El trabajo político de Ferreira y Arana fue respaldado con propuestas para encontrar soluciones a los problemas del país.

El “boom” de la participación evangélica en política llegó en 1990. Conjuntamente con Alberto Fujimori, llegaron también 17 parlamentarios creyentes, entre ellos once bautistas. Incluso la segunda vicepresidencia de la República fue ocupada por el abogado y pastor bautista Carlos García García. Como todo fenómeno social, eso ocurrió una vez en la vida. Los siguientes Parlamentos sólo tuvieron uno o dos representantes creyentes, siendo los últimos, el pastor bautista Pedro Vílchez Malpica (Cambio 90) y el ingeniero químico Walter Alejos Calderón, congresista independiente por el departamento de Ayacucho y vinculado en ese entonces a la iglesia presbiteriana, a quien conocí en los ochenta en Huamanga, Ayacucho. Vílchez llegó a ser director ejecutivo del INABIF.

El siglo 21 llegó no sólo con la globalización, sino también con cambios radicales en las iglesias cristianas no católicas, especialmente por la presencia del movimiento carismático. Parafraseando al César romano, este movimiento “llegó, creció y se extendió”, constituyéndose en el grupo más numeroso que congrega a cristianos no católicos. Tiene su natural dinámica y estrategia de crecimiento, y, por cierto, su propio liderazgo. Precisamente, sus dos mayores exponentes en la política fueron el ex congresista Walter Alejos Calderón y el candidato presidencial, y luego congresista Humberto Lay Sun. Ambos tienen trasfondo evangélico conservador. El primero provenía de la Iglesia Presbiteriana de Huamanga y el segundo fue pastor de la iglesia Alianza Cristiana y Misionera de Lince. La figura política de Alejos fue conocida por su trabajo en aras de la regionalización y descentralización, y la del arquitecto Lay Sun, por su participación en la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

LAS LIMITACIONES

Ya en pleno siglo 21, en cada proceso electoral postulan aproximadamente un centenar de candidatos cristianos no católicos que están en los diversos grupos políticos, siendo la mayor parte miembros de congregaciones carismáticas e iglesias con trasfondo pentecostal. Sin embargo, el desconocimiento público de estas candidaturas se debe en parte al divorcio que hay entre las iglesias evangélicas conservadoras y las comunidades cristianas de corte carismático. Eso se puede observar en las últimas Ceremonias de Acción de Gracias por el Perú, donde no participan los representantes de las iglesias Alianza Cristiana y Misionera, y el Movimiento Misionero Mundial. Veamos algunas razones.

Primero. La falta de consenso entre los aspirantes cristianos es un factor que debilita el posible éxito político de los evangélicos en general. Si los cristianos no católicos representan cerca del 15% de la población peruana, cómodamente podrían tener unos 14 congresistas sin hacer costosas propagandas políticas. El ejemplo lo tenemos en el FREPAP, brazo político de la Iglesia Israelita del Nuevo Pacto Universal, que, a pesar de no ser una congregación evangélica, si endosó los votos de sus feligreses y de la población en general. Pero, ¿habrá consenso? Basta con mirar a las Ceremonias de Acción de Gracias por el Perú. Casi la mayor parte de las iglesias y congregaciones participan, excepto iglesias grandes e históricas como la Alianza Cristiana y Misionera, y el Movimiento Misionero Mundial, entre los más conocidos.

Segundo. Otro factor importante es la “representatividad” de los candidatos. En términos generales, los evangélicos no se sienten representados por quiénes están postulando a la presidencia y Congreso de la República. Eso no es por la falta de méritos de los aspirantes que son creyentes respetados, sino por el desconocimiento que hay entre las iglesias en particular y el liderazgo cristiano, en general. La autoridad vertical aún prima en muchas congregaciones y son los miembros quienes se alinean en la posición de sus líderes.

Tercero. Un tercer aspecto es la falta de preparación de algunos candidatos. No basta ser honrado ni trabajador para ocupar un puesto público, sino estar capacitado para asumir esas funciones. Se espera que básicamente un candidato tenga una idea de los asuntos públicos, experiencia exitosa en gestión pública o privada y ética comprobada. Ciertos candidatos no tienen esos requisitos.  

Cuarto. En cuarto lugar, los creyentes aún no han aprendido a trabajar en equipo. Si para una campaña evangelística en algún estadio no todos colaboran, difícilmente lo harán para aliarse políticamente. No se trata de unirse eclesialmente, sino de trabajar bajo algún nivel de coordinación. Existen postulantes en diversos grupos partidarios, pero esta aspiración por cuestiones político-religiosas no es posible, porque todos quieren ser las cabezas.

Quinto. Otro factor es la participación de los pastores. No es que el ministro haga mal participando en política, sino que no debe abandonar su rebaño. Su función es ministrar la vida de los creyentes estén éstos en las iglesias, grupos, Congreso, etc. La iglesia no es la estructura de cemento, sino el grupo humano salvado por Jesucristo. Es un organismo no una organización. No se trata sí el pastor debe participar o no, sino cómo y dónde lo hace. El pastorado es un llamamiento bíblico y por lo tanto es irrenunciable. Algunos ministros han dejado a sus congregaciones, otros han solicitado “licencia” y hay quienes hasta manipulan a sus iglesias. Esta realidad distorsiona la participación de los pastores en la política. La iglesia son los creyentes salvados por Jesucristo. Si hay dos o tres creyentes en el congreso, ahí también está la iglesia que necesita ser pastoreada y muchas personas para presentarles el evangelio.

Sexto. Un sexto aspecto es el respeto a la libre participación de los creyentes en la política. Todos tienen derecho a participar o simpatizar con los partidos que crean conveniente. Nadie es dueño de la verdad. Sin embargo, al parecer la “guerra sucia” también ha llegado a este sector electoral. Hasta por las redes sociales se dicen “zamba canuta” y se insultan mutuamente. Esos agravios, propios de bribones y zamarros, no es digno de quienes profesan la fe en Jesucristo y, por lo tanto, polarizan a los creyentes inmaduros. Una de las características del cristiano es respetar y amar a las personas, tanto mejor si hay un vínculo de hermandad que los une.

Sétimo. Finalmente, la iglesia evangélica en el Perú está viviendo un proceso de aprendizaje. Es bueno que los creyentes se preparen para asumir algún día mayores responsabilidades públicas. Las herramientas y los medios de gestión para ese aprendizaje están en los libros, universidades, idiomas y tecnología de la información. Cualquiera sea la especialización del creyente debe escribir libros, optar estudios de post grado, hablar otro idioma y conocer las tecnologías. La globalización va por ese rumbo y los creyentes no deben quedarse atrás.

  

CÉSAR SÁNCHEZ MARTINEZ (Lima, 1957) es periodista y escritor. Especializado en Economía, Liderazgo y Ciencias Bíblicas (Historia y Geografía bíblica), tiene publicados más de mil artículos en temas de su especialidad. Es miembro de la Primera Iglesia Bautista del Callao desde 1974.

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